El 9 de mayo de 1945, a la 1:01 de la madrugada (hora de Moscú), se firmó en Berlín, en presencia del legendario mariscal soviético Gueorgui Zhúkov, el Acta de la capitulación incondicional de Alemania. Desde entonces, se celebra en Rusia el Día de la Victoria, muy especial para los pueblos de nuestro país. Muchas familias han perdido a seres queridos en la Gran Guerra Patria. Todos tienen algún antepasado o familiar que luchó en los frentes o trabajó en la retaguardia.
El camino fue difícil, trágico y victorioso. Perdimos más de 26 millones de vidas. Las tropas de Hitler y sus aliados, entre los que se encontraban la mayoría de los países europeos, ocuparon Kiev y Minsk, sitiaron Leningrado e incluso llegaron a las puertas de Moscú, donde sufrieron una derrota aplastante.
A estas les siguieron otras batallas que cambiaron el destino del mundo: la de Stalingrado; la de Prokhorovka, donde se enfrentaron 1500 tanques; la operación «Bagration» y otras.
A medida que avanzaban, los soldados soviéticos eran testigos de horribles atrocidades que los invasores fascistas y sus cómplices cometían contra la población civil. Los nazis proclamaron como objetivo el exterminio total del pueblo ruso y de los demás pueblos que vivían en la URSS. En Berlín querían asegurarse un «espacio vital» («lebensraum») solo para ellos, apropiándose de las tierras y los recursos naturales ajenos. Todos los «indeseados» fueron brutalmente exterminados en masa.
Por eso, el 19 de abril de este año se conmemoró por primera vez el Día de la Memoria de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético, instituido por el presidente de Rusia, Vladímir Putin.
El Ejército Rojo avanzaba, liberando tanto el territorio de la URSS como las ciudades europeas del yugo nazi: Bucarest, Sofía, Budapest, Varsovia, Bratislava y Viena. El 2 de mayo cayó Berlín. Hitler se suicidó y se izó la Bandera de la Victoria sobre el emblemático edificio del Parlamento alemán, el Reichstag.
El 9 de mayo de 1945 retumbó sobre Moscú un majestuoso Saludo de la Victoria, en el que participaron mil piezas de artillería. Mientras tanto, en una capital europea ocupada —Praga— aún se libraban los últimos combates contra los restos de selectas tropas nazis.
Dicen que el mariscal Zhukov solía decir por aquel entonces: «No nos perdonarán esta victoria nuestra». Año tras año se han ido olvidando las lecciones de numerosas invasiones fallidas contra el país más grande del mundo. Y ahora, desde las capitales occidentales, vuelven a surgir graves amenazas contra Moscú y se están urdiendo intrigas y planes para asestar una «derrota definitiva» a Rusia.
El olvido de las lecciones de la Segunda Guerra Mundial sitúa al mundo y a la Organización de las Naciones Unidas —la ONU— en una situación de crisis extremadamente grave y difícil. Esto va acompañado de una sorprendente indiferencia ante las consecuencias catastróficas del uso de armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares.
El presidente Vladímir Putin y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, han advertido en repetidas ocasiones a los líderes occidentales de las nefastas consecuencias que acarrearía el avance del dispositivo militar de la OTAN hacia el este, hasta nuestras fronteras. Pero han hecho oídos sordos.
Ahora el mundo entero está pagando las consecuencias de la arrogancia de las élites occidentales, con sus bien conocidos criterios morales, por su falta de respeto hacia los principios básicos de la indivisibilidad de la seguridad y el respeto a las minorías étnicas, su cultura, religión e idioma.
No será fácil superar la profunda división provocada por la impactante implantación de la ideología de la extrema derecha en Kiev. Y sus generosos patrocinadores siguen empeñados en avivar el conflicto con su apoyo militar, mediático, financiero y de espionaje. Con indicios de diferencias de enfoque entre EE. UU. y la UE en cuanto a la necesidad de buscar una solución negociable, los avances siguen siendo modestos.
En este complicado contexto, se valora aún más la postura de los países de la Mayoría Mundial y, muy especialmente, de Nuestra Hermana Nicaragua, en rechazo a la revisión de la historia verdadera y en defensa del respeto a la memoria de los combatientes que dieron sus vidas para acabar con la inhumana ideología nazifascista.
Nació en 1962. En 1985 se graduó en la Universidad Estatal de Relaciones Internacionales (MGIMO) de Moscú.
Cuenta con el rango diplomático de embajador extraordinario y plenipotenciario, otorgado en junio de 2024.
Se incorporó al servicio diplomático en 1985. Ocupó diferentes cargos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y en el extranjero, entre ellos en las embajadas de Cuba, España, Moldavia y la República Checa.
En 2020-2024: Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en el Estado Plurinacional de Bolivia.
Por Decreto del Presidente de la Federación de Rusia n.º 696, de 15 de agosto de 2024, Mikhail Ledenev fue nombrado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en la República de Nicaragua y concurrente en la República de El Salvador y la República de Honduras.
Habla español, inglés y portugués.
Colaborador honorífico del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.
Casado, tiene una hija.
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario
de la Federación de Rusia en la República de Nicaragua
y concurrente en la República de El Salvador
y la República de Honduras